Mounier y el personalismo comunitario

  • Rasgos biográficos
  • Raíz bíblica del personalismo comunitario
  • Substantia, persona, hypostasis
  • Personalismo y existencialismo
  • Ramas actuales del personalismo comunitario
  • El personalismo comunitario
  • El compromiso de la acción
  • La persona
  • Emmanuel Mounier

    Emmanuel Mounier (1905-1950) es el principal representante del personalismo cristiano contemporáneo. Esta corriente, en la que se agrupan diversos autores como J. Lacroix, E. Levinas y Xavier Zubiri, sostiene que cada ser humano es una realidad espiritual única (es una persona), que tiene una dignidad absoluta. Su felicidad no depende sólo de su liberación material, sino del desarrollo de su dimensión espiritual que hemos de cifrar en el amor a los demás y a Dios.

    La persona no es un objeto; más aún: ella es lo que en cada hombre no puede ser tratado como objeto. • El hombre es un cuerpo con igual título que es espíritu, todo entero cuerpo y todo . entero espíritu. Es un ser natural que por su cuerpo forma parte de la naturaleza, y por su espíritu trasciende este universo material en que se halla inmerso. • Sólo se posee aquello a lo que uno se entrega, y en ciertos casos no es paradójico decir que sólo se posee lo que se da. • Para el cristiano, el sentido del progreso no se define fuera de la paradoja de la cruz. Partimos por un camino en el que sabemos que lamas estaremos desocupados, jamás desesperados: nuestra obra está más allá del éxito, nuestra acción no está dirigida esencialmente al éxito, sirio al testimonio.

    1. Rasgos biográficos

    En nuestra investigación no hemos querido solamente tratar del hombre, sino combatir por el hombre. Nadie, por lo demás, trata objetivamente acerca del hombre. Pero, como es habitual disfrazar e] propio prejuicio bajo un revestimiento científico, preferimos declarar a cara descubierta que nuestra ciencia, siendo una ciencia honesta, no deja de ser por ello una ciencia combativa (Traiado del carácter).

    Emmanuel Mounicr nace en 1905 y muere en 1950. Pocas generaciones como la suya se habrán visto tan obligadas a encuadrarse en el marco de las guerras. La Primera Guerra Mundial (1914-1919), la revolución rusa (1917), el crack de Wall Street (1929), la Guerra Civil española (1936-1939), la Segunda Guerra Mundial.

    Para entonces, Mounier, que había obtenido una cátedra de Filosofía (en la misma oposición en que fracasó Jean Paul Sartre), la abandona para fundar la revista Esprit, clausurada por el régimen nazi de Vichy que ocupaba parte de Francia: «Nunca he sentido a Esprit tan presente, tan fuerte y tan viva como esta tarde en que creen haberlo matado. Siento que una fuerza joven crece en mí por esta muerte. No dudo de que resucitará de entre los muertos al tercer día, como Dios quiera.»

    Y luego, en 1942, diez meses de cárcel: «El cristiano había llegado a ser un hombre que ya no iba a prisión; el cristiano se había instalado en la seguridad general... soy profundamente feliz por haber pasado por aquí. Un hombre necesita haber conocido la enfermedad, la desgracia o la prisión.» Pero los días pasan sin comunicársele la causa de su reclusión, y decide iniciar una huelga de hambre para obtener el final de ese internamiento arbitrario. Su huelga de hambre será un testimonio de discernimiento etico: ¿hasta dónde llevará la prueba de fuerza? Como cristiano, no tiene ningún derecho de atentar contra su vida, ni comprometer gravemente su salud, por eso ha pedido al médico amigo darle la orden de cesar la huelga el día en que estime que se ha llegado a la zona de peligro grave. Al duodécimo día, Vichy se rinde.

    ¡Liberación de París, agosto de 1944! Reaparece Esprit; nada había logrado desalentar a Mounier, ni siquiera la guerra fría (1947-1950) de la posguerra. En respuesta al entonces comunista Roger Garaudy, escribe: «Mi evangelio es el evangelio de los pobres. Nunca me llevará a alegrarme de aquello que puede dividir el mundo y la esperanza de los pobres. Esto no es una política, ya lo sé. Pero es un cuadro previo a toda política y una razón suficiente para rechazar ciertas políticas.» La ajena miseria es su punto de partida: «La experiencia o la proximidad de la miseria fue nuestro bautismo de fuego. El cuerpo totalmente herido del proletariado como un Cristo en cruz, los fariseos alrededor, la alegría de los mercaderes, los apóstoles que han huido y nuestra indiferencia como la noche abandonada del calvario. Somos los servidores —no los jefes o los salvadores— de los miembros dolientes de Cristo.»

    El escritor Francois Mauriac reconoce tras la muerte de Mounier: «No hay cristiano, hombre o mujer, que no deba meditar ante la santidad que en Mounier se expresa. Es preciso que ciertos seres mueran para poder acercarse a ellos. El ejemplo de Mounier ayuda a comprender que estar del lado de los pobres no tiene sentido en una vida aburguesada. Sin ostentación, pero deliberadamente, vivió la pobreza. Nació pobre. La pobreza es un estado del alma.»

    Mounicr es un optimista trágico: «El camino propio de la persona es ese optimismo trágico en el que encuentra su justa medida en un clima de grandeza y de lucha. Para el cristiano, el sentido del progreso no se define fuera de la paradoja de la cruz. Partimos por un camino en el que sabemos que jamás estaremos desocupados, jamás desesperados: nuestra obra está más allá del éxito, nuestra acción no está dirigida esencialmente al éxito, sino al testimonio. Y, aunque estuviéramos seguros del fracaso, partiríamos de todas formas, porque el silencio ha llegado a ser intolerable.» Sabiendo que el mundo es una montaña de basura, Mounier la agarra con las manos sin mancharse el corazón, porque hay en todo ser humano más cosas dignas de admiración que de desprecio.

    2. raíz bíblica del personalismo comunitario

    Para la mentalidad antigua, lo incomprensible era que Dios, por un acto de amor, hubiese creado a otro ser distinto de É!; más aún, que hubiera creado a una infinita multitud de seres distintos de Él y entre sí. Tampoco entendía que en el centro de esta multiplicidad hubiera puesto Dios a un ser especialísimo que, reuniendo en sí todos los estratos de lo creado, tiene la peculiar capacidad de distanciarse de todo lo que no es él, y que incluso pudiese afirmarse en sí mismo frente a Dios. De ahí que Dios no pudiera regir a este ser como regía a las demás cosas del mundo; debía «dialogar» con él. Dios le dio también una «compañera igual a él» y le encomendó la tarea de «multiplicarse».

    Con esta persona quiere Dios establecer relaciones estrictamente personales (amistosas), una providencia individual; ante su presencia, cada persona tiene nombre propio. Ante Dios, cada persona dará razón de su vicia.

    3. Substantia, persona, hypóstasis

    El primer teólogo que se expresó en latín, Tertuliano, reinterpretó novecientas palabras nuevas, entre otras substantia y persona, que no designa ahora al actor enmascarado sobre el escenario, como en Grecia, sino lo que hay de interiormente diferenciado —tres personas (Padre, Hijo, Espíritu Santo)— en el Dios uno.

    Boecio definirá a la persona como «sustancia individual de naturaleza racional», queriendo decir que cada persona es distinta e intransferible; cada cual experimenta que su persona no es la de otro y, al mismo tiempo, es relacional, por lo que, cuanto más perfecta es, más se encuentra a sí misma al establecer comunión con las demás. En resumen, la persona es capacidad racional y relación con los otros. Por ello es distinta e intransferible: una persona no es la otra y, al mismo tiempo, cuanto más perfecta es, más se encuentra a sí misma en la relación de comunión con los demás.

    Y no hay mejor relación que el amor: «El amor es la unidad de la comunidad, como la vocación es la unidad de la persona. El aprendizaje de la comunidad es el aprendizaje del prójimo como persona en su relación con mi persona, lo que se ha llamado felizmente aprendizaje del tú.»

    Como el amor es comunicativo, «la posesión no es un derecho de conquista, sino un poder de dominio sobre un mundo ya ordenado. Es necesario ir hasta el extremo porque aun el mismo amor tiene sus vueltas de egoísmo: sólo se posee aquello a lo que uno se entrega, y en ciertos casos no es paradójico decir que sólo se posee lo que se da» (Revolución personalista y comunitaria).

    4. Personalismo y existencialismo

    Si, según Mounier, el existencialismo es una reacción de la filosofía del hombre contra los excesos de la filosofía de las ideas (idealismos desencarnados) y contra los de la filosofía de las cosas (cientifismo y materialismo), también el personalismo es una reacción contra esos mismos excesos: «Existe una estrecha solidaridad entre las preocupaciones existencialistas y las personalistas. El existencialismo es una filosofía personalista, pues el sujeto de conocimiento es la persona humana, frente a la inercia o la impersonalidad de las cosas» (Introducción a los existencialismos).

    Pero el personalismo rectifica a su vez los defectos del existencialismo: su egocentrismo narcisista y svi pesimismo. El personalismo, que asume la drama-ticidad de la existencia desarrollada por el existencialismo, afronta el pesimismo mediante la conversión al otro.

    5. Ramas actuales del personalismo comunitario

    El árbol del personalismo se mueve en el cruce de cinco aportaciones básicas; su árbol hunde sus raíces en el cristianismo, eleva su tronco por Emanuel Kant (que calificó a la persona como «fin en sí», valor absoluto y moralmente autónomo), por la fenomenología de Husserl y por la axiología de Max Scheler, y finalmente adquiere un gran número de ramificaciones (ver ilustración de la página siguiente).

    La historia de la filosofía es la historia del árbol del personalismo; éste es a su vez un árbol-bosque, no una primavera entre dos inviernos, cuyo verano no sería de este mundo, sino por el contrario historia del mundo, del movimiento obrero, de los derechos humanos, etc. Nada más falso que cercar al personalismo y tratarlo como árbol de una sola escuela.

    6. El personalismo comunitario

    En sentido genérico, personalista es toda forma de vida que centra el sentido de la realidad en la persona reivindicando su dignidad absoluta en todos los demás terrenos; en sentido más riguroso, puede llamarse filosofía personalista a la doctrina que centra en el concepto de persona el significado de la realidad. Debemos, pues, distinguir: 1) que una filosofía valore a la persona; 2) que se estructure en torno a la noción de persona. Ahora bien, que una filosofía considere que la persona singular es importante no significa que ésta sea la categoría central en torno a la cual se estructure, sino que puede depender de otras categorías muy distintas.

    Ejemplo: como filosofía de inspiración cristiana, santo Tomás valora tanto la persona, que llega a caracterizarla como «lo que es perfectísimo respecto a toda la naturaleza». Pero lo que santo Tomás no hace es estructurar su filosofía en torno a la noción de persona. Para él hay otras categorías más esenciales: la sustancia y los accidentes, la potencia y el acto, etc. «Valorar» a la persona pueden hacerlo muchas filosofías; sin embargo, «estructurar» una filosofía en tomo a la persona es lo propio del personalismo. Para diferenciar estos dos planteamientos, algunos autores distinguen entre un personalismo en sentido amplio y un personalismo en sentido estricto. Por personalismo en sentido amplio se entendería toda corriente filosófica que concede importancia a la persona, mientras que personalismo en sentido estricto sería la filosofía cuya estructura técnica depende directamente de esta noción.

    Los caracteres del personalismo serían: 1. Una insalvable distinción entre personas y seres impersonales. 2. La capacidad de la persona para vivir la verdad objetivamente, sin relativismo ni subjetivismo. 3. La libertad de la persona para ser dueña de sus actos y así optar por el bien o por el mal. 4. El descubrimiento del corazón humano como sede de los afectos y la primacía del amor, contra el hedonismo. 5. La obligatoriedad de los imperativos morales absolutos y de los religiosos. Por tanto, la capacidad de realizar actos religiosos de adoración o acción de gracias es esencial para que la persona alcance su sentido último. 6. La aceptación de la persona como «sustancia individual de naturaleza racional». 7. El valor único (dignidad) de cada persona. 8. La aceptación de la persona como realidad esencialmente relacionada con la comunidad y con el mundo.

    7. El compromiso de la acción

    Y, sobre todo, ser personalista comunitario consiste en asumir la vida que de esos principios se deriva. Lo complicado no es el dibujo de su árbol, sino el compromiso con la siembra de las semillas. El personalismo es la filosofía que reintegra al conocimiento el conjunto de la actividad humana, pero también la acción que lleva a la práctica la convicción filosófica. El «idealismo de las ideas», que no convierte las ideas en vida, es enemigo del personalismo. Como dijera Zubiri, la persona no es la conjunción de dos cosas, una realidad y un ideal, sino una realidad que no puede ser real más que siendo ideal. Es animal de ideales por y para ser animal de realidades. Cuando los que hablan no hacen, y los que hacen no hablan, ambos entorpecen al árbol florecer allí donde está plantado.

    Si, como Mounier dijera, el personalismo es «perspectiva, método y exigencia», ¿cuáles son las mcdiaeiones, los puentes que llevan desde las exigencias teoréticas a las prácticas, cómo articular discurso y acción, cómo hacer a la vez ortodoxia y ortopraxia?

    8. La persona

    La constancia del yo no se reduce a embalsamar su identidad

    Según Mounier, «la persona no es un objeto; más aún: ella es lo que en cada hombre no puede ser tratado como objeto. No existen las piedras, los árboles, los animales y las personas, que serían unos árboles móviles o unos animales más astutos. La persona no es el más maravilloso objeto del mundo, un objeto que pudiéramos conocer desde fuera como los demás. Ella es la única realidad que conocemos y hacemos al mismo tiempo desde dentro. Presente en todas partes, no se da en ningún sitio» (Elpersonalismo, III, pp. 430-431).

    La persona no es una existencia maciza, interiormente inmóvil, ciega al exterior, según lo imaginan los materialistas y los individualistas, sino que, como el atomo, está interiormente articulada con fuerzas y movimientos. «El principio de superación es tan esencial para la vida personal como el principio de realidad y el de interioridad. Ella no se mantiene más que por él, del mismo modo que la bicicleta o el avión no se mantienen más que por su velocidad. La persona no es el reposo absoluto que conduce a la muerte; se desarrolla comprometiéndose en un acto continuo. Imaginar al yo como una presencia continua, o como un hilo uniforme en el que se ensartan a modo de cuentas heterogéneas los diversos "estados" anímicos, sería un grave error. La constancia del yo no se reduce a embalsamar una identidad, sino que consiste en vivir en tensión y en superar las crisis periódicas. En ciertos enfermos svibsiste un "yo" que compara sus estados anteriores y los posteriores, pero se pierde poco a poco en el mundo circundante, que acaba por invadir el yo. El sujeto asiste ante el mundo como espectador indiferente, sin llegar a reconocer su propia huella. En el límite, niega su cuerpo, percibe sus voluntades como automatismos. "No soy más que una máquina, dice un enfermo, más que un autómata. No soy yo quien siente, habla y come. No soy yo quien sufre y quien duerme. Yo no existo ya del todo. Estoy muerto." Otro está convencido de que son hilos los que mueven sus brazos y piernas. Otro aíirnia que ha muerto en la batalla de Marengo. "¿Por qué me golpeas?", dice un esquizofrénico a alguien que sacude una alfombra. Este sentimiento puede tomar forma obsesiva. Un enfermo se pasaba el día preguntándose si existía. "Pienso, luego existo", se dice; sí, pero no pienso siempre. Y, puesto que es necesaria una cierta cantidad de pensamiento para vivir, ¿tengo yo la cantidad suficiente?" Se toma el pulso. "¿Tener pulsaciones es no existir?" Pero el acto por el cual se palpa la muñeca es un acto maquinal. Cuantos rnás cálculos hace, más insiste en la obsesión» (Tratado del carácter).

    La persona como subsistencia e independencia espiritual

    Una persona es un ser espiritual constituido como tal por una manera de subsistencia y de independencia en su .ser, ella mantiene esta subsistencia por su adhesión a una jerarquía de valores libremente adoptados, asimilados y vividos por un compromiso responsable y una constante conversión; ella unifica así toda su actividad en la libertad y desarrolla por añadidura agolpe de actos creadores la singularidad de su vocación (Manifiasio al.sen'icio de!personalismo).

    Esta definición no puede ser captada por todos, ya que existen gentes ciegas para las personas como las hay ciegas para la pintura, con la diferencia de que muchos ciegos para las personas son responsables de su ceguera. La vida personal es una conquista ofrecida a todos, algo que los animales no pueden captar y que las personas tampoco a veces, si no viven por encima de cierto nivel de animalidad.

    La persona es para Mounier un ser espiritual, con vocación de eternidad, núes todos queremos que no nos olviden. «¿Qué es para nosotros lo espiritual? Ésta es nuestra jerarquía de valores; primacía de lo vital sobre lo material, primacía de los valores de la cultura sobre los valores vitales; pero primacía, sobre todos ellos, de esos valores accesibles a todos en la alegría, en el sufrimiento, en el amor de cada día, en los valores de amor. Esta escala dependerá intrínsecamente, para algunos de entre nosotros, de la existencia de un Dios trascendente y de unos valores cristianos, sin que otros compañeros la consideren como cerrada por arriba.» Dicha espiritualidad se caracteriza básicamente por dos caracteres: subsistencia, e independencia. Ahora bien, subsistimos con autonomía, pero no en solitario, sino en relación con las personas y con los valores personales, somos quienes somos porque vivimos desarrollando una escala de valores libremente adoptada. Esa adhesión libre a la jerarquía de valores la vivimos en un compromiso responsable con los demás: terminamos siendo lo que hacemos o dejamos de hacer. Por eso, aunque para hacer o dejar de hacer hay que ser, debería hablarse no sólo de naturaleza humana, sino también de condición humana previamente humanada por un Dios personal que la ama.

    La persona como espiritualidad carnal

    Dejemos de representarnos el «cuerpo» y el «espíritu» como dos personajes de una figura coreográfica. El hombre es, en cada instante, una compenetración de alma y carne. El hombre es por entero espiritual y carnal, y en la vida personal trasciende los fenómenos particulares traduciendo la solidaiidad órgano-síquica (Tratado del carácter, cap. 3, II).

    El hombre es un cuerpo con igual título que es espíritu, todo entero cuerpo y todo entero espíritu. Es un ser natural que por su cuerpo forma palle de la naturaleza, y por su espíritu trasciende este universo material en que se halla inmerso (El personalismo. La existencia incorporada, III).

    La persona es una tensión entre sus tres dimensiones espirituales: la que sale de lo bajo y se encarna en un cuerpo; la que se dirige hacia lo alto y lo lleva a lo universal; la que se dirige hacia lo extenso y la lleva hacia una comunión. Vocación, encarnación, comunión son las tres dimensiones de la persona (Revolución personalista y comunitaria).

    Individuo y persona

    De su maestro Jacques Maritain hereda Mounier la contraposición indivi-duo-persona: «Mi persona no es mi individuo. Llamamos individuo a la difusión de la persona en la superficie de la vida que se complace en perderse en ella. El individuo es la disolución de la persona en la materia» (Revolución personalista y comunitaria}.

    El personalismo es comunitario a condición de que lo comunitario sea personal a la vez, no antes ni después: «En una organización personalista hay responsabilidad por todas partes, creación en todas partes, colaboración en todo: no hay gentes pagadas para pensar y otras para ejecutar, y las más favorecidas para no hacer nada. Pero esta organización no excluye la verdadera autoridad, es decir, el orden a la vez jerárquico y viviente, en que el mando nace del mérito personal, sino que es sobre todo una vocación de suscitar personalidades, y aporta a su titular, no un suplemento de honores o de riqueza, o de aislamiento, sino un cúmulo de responsabilidades» (Manifiesto al servicio del personalismo).

    Cuestiones relevantes

    1. Comenta brevemente la vida de E. Mounier. 2. Explica el contexto en el que surge la filosofía personalista. 3. ¿Cuáles han sido los antecedentes filosóficos del personalismo? 4. Distingue entre personalismo y existencialismo. 5. ¿Cuáles son los rasgos más característicos del personalismo? 6. Explica el concepto de persona en Mounier. 7. Distingue entre persona e individuo. 8. ¿En qué ha de consistir la revolución personalista comunitaria?

    Textos para comentar

    1. El personalismo

    Yo soy persona desde mi existencia más elemental, y lejos de despersonali-x.arrne, mi existencia encarnada es un factor esencial de mi fundamento. Mi cuerpo no es un objeto entre los objetos, el más cercano de ellos: ¿cómo podría unirse en ese caso a mi experiencia de sujeto? De hecho, las dos experiencias no están separadas: vo existo subjetivamente, yo existo corpóreamente, son una sola y misma experiencia. No puedo pensar sin ser, ni ser sin mi cuerpo: yo estoy expuesto por él, a mí mismo, al mundo, a los otros; por él escapo de la soledad de un pensamiento que no sería más que pensamiento de mi pensamiento. Al impedirme ser totalmente transparente a mí mismo, me arroja sin cesar fuera de mí, en la problemática del mundo y en las luchas del hombre. Por la solicitación de los sentidos, me lanza al espacio; por su envejecimiento, me enseña la duración; por su muerte, me enfrenta con la eternidad. Hace sentir el peso de la esclavitud, pero al mismo tiempo está en la raíz de toda conciencia y de toda vida espiritual. Es el mediador omnipresente de la vida del espíritu. En este sentido se puede decir con Marx que «un ser que no es objetivo no es un ser», a condición de agregar inmediatamente que a un ser que fuera solamente objetivo le faltaría este cumplimiento del ser: la vida personal.

    1. Explica los términos resaltados en negrita.
    2. Identifica la temática del texto y relaciónala con la filosofía del autor.
    3. Compara el pensamiento de Mounier sobre el ser humano con el de algún otro pensador como Marx o Descartes.

    2. Cristianismo y democracia

    Bajo la inspiración evangélica, a menudo desconocida, pero siempre actuando, la conciencia profana ha comprendido la dignidad de la persona humana y también que la persona, aunque forma parte del Estado, trasciende al Estado por el mis-terio inviolable de su libertad espiritual y por su vocación a los bienes absolutos. La razón de ser del Estado es ayudar a la conquista de esos bienes de la vida verdaderamente humana. Lo que la conciencia profana ha adquirido, si no gira hacia la barbarie, es la fe en los derechos de la persona humana en tanto que persona humana, en tanto que persona cívica, en tanto que persona comprometida en la vida social y económica, en tanto que persona obrera; y también la fe en la justicia como fundamento necesario de la vida en común y como propiedad esencial de la ley, que no sería ley si fuese injusta. Proudhon creía que la sed de justicia es el privilegio de la revolución y el objeto de los miedos de la Iglesia. La sed de justicia ha sido excavada en el alma de los siglos cristianos por el Evangelio y por la Iglesia, es en el Evangelio y en la Iglesia donde hemos aprendido a no obedecer más que cuando algo es justo.

    Lo que la conciencia profana ha adquirido, si no regresa a la barbarie, es la fe en la fraternidad humana, el sentido del deber social de compasión por el hombre en la persona de los débiles y de los que sufren, la convicción de que la obra política por excelencia es convertir la misma vida en común en mejor y más fraternal y trabajar para hacer de la arquitectura de las leyes, de las instituciones y de las costumbres de esa vida común una casa para los hermanos (Jac-ques Maritain).

    1. Explica, dentro de la concepción personalista, los términos en negrita.
    2. Haz un esquema de las ideas principales del texto.
    3. Señala algunas diferencias entre el personalismo y otras filosofías contemporáneas que conozcas.