Karl Popper: El racionalismo crítico

  • 1. Rasgos biográficos
  • 2. Más allá del Círculo de Viena
  • 3. Principios generales de la sabiduría, tecnocientífica y ética a la vez
  • 4. La sociedad abierta
  • 5. Hay tres mundos
  • 6. El papel de la filosofía y del filósofo en una sociedad abierta
  • Karl Popper Karl R. Popper (1902-1978) revolucionó con su obra Lógica de la investigación científica la concepción del método científico que tenía la filosofía. Su «criterio de falsación» y su propuesta de un nuevo método para la ciencia son los pilares básicos de su «racionalismo crítico». Su filosofía no se limitó a la metodología de la ciencia. En La sociedad abierta y sus enemigos, Popper construye una sólida defensa de la democracia liberal, a la que considera el mejor sistema posible para progresar críticamente y hacer compatibles la libertad y la igualdad.

  • El verdadero método de la ciencia es el método crítico. Consiste en proponer hipótesis audaces y exponerlas a las más severas críticas, para detectar dónde estamos equivocados.
  • Todo nuestro conocimiento es falible y conjetural
  • Si planificamos demasiado, si le damos demasiado podesiado, «moneas per-deremos la libertad y ése será el fin de nuestra planificación. ¿Por qué habrán de llevarse a cabo los planes para el bienestar del pueblo, si el pueblo carece de poder para hacerlos cumplir?
  • Marx es responsable de la devastadora influencia del método de pensamiento historicista en las filas de quienes desean defender la causa, de la sociedad abierta.
  • 1. Rasgos biográficos

    Karl Popper nace en Viena en 1902, en el seno de una familia de origen judío. A los 13 años empieza a leer a Marx y se convierte en marxista. En 1919 participa en una manifestación convocada por juventudes socialistas y comunistas que acaba trágicamente con la muerte de varios jóvenes por la represión policíaca. Pero el joven Popper piensa que el culpable último de la tragedia es la doctrina marxista de la lucha violenta de clases que incita a enfrentamientos de este tipo. Comienza así su antimarxismo y su paso al liberalismo, aunque aún se considera socialista hasta 1932. En 1930 es profesor de un instituto de enseñanza inedia en Viena.

    En 1936, ante el avance del nazismo y atendiendo a su condición de judío, decide emigrar a Gran Bretaña, donde asume un puesto de lecturer. A finales de ese mismo año se traslada a Nueva Zelanda, donde permanecerá hasta el final de la Se-gunda Guerra Mundial, ocupando el mismo cargo de lecturer. En 1938, después de la invasión de Austria por Hitler, decide escribir dos críticas al marxismo y al fascismo, que al ser publicadas años más tarde adquirirían los títulos The Open Society and its Enemies y The Poverty of Historicism. En 1945 se traslada a la universidad de Londres donde, hasta su jubilación en 1969 en la London School of Economics, fue profesor de Lógica y Método Científico. En 1959 aparece La lógica de la investigación científica y en 1984 En búsqueda de un mundo mejor, obra tardía en donde sigue mostrando su condición de pensador optimista. Dice así:

    «No quiero concluir sin decir algo sobre el éxito de la búsqueda de un mundo mejor durante los 87 años de mi vida, una época de dos absurdas guerras mundiales y de criminales dictaduras. A pesar de todo, y aunque hemos tenido tantos fracasos, nosotros, los ciudadanos de las democracias occidentales, vivimos en un orden social que es mejor (porque está más favorablemente dispuesto a la reforma) y más justo que cualquier otro de la historia conocida. Son de la máxima urgencia nuevas mejoras. Pero las mejoras que aumentan el poder del Estado a menudo producen lo contrario de lo que estamos buscando. Lo más importante es que hoy ha desaparecido la terrible pobreza masiva que aún existía en mi niñez y mi juventud (desgraciadamente, excepto en lugares como Calcuta). Algunos pueden objetar que hay personas en nuestra sociedad demasiado ricas. Pero, ¿por qué nos ha de importar si hay suficientes recursos —y la buena voluntad— para luchar contra la pobreza y otros sufrimientos evitables?»

    2. Más allá del Círculo de Viena

    ANIMADVERSION CONTRA LA METAFÍSICA Y LA ÉTICA

    En la década de los años 1920, durante la juventud de Popper, el Círculo de Viena venía afirmando que la filosofía no es una ciencia, pues no proporciona ni conocimientos empíricos extraídos inductivamente de la realidad, ni conocimientos exactos de carácter matemático, de ahí que esté vacía de contenido. Fuera de los dos tipos de proposiciones significativas, las analíticas o formales, y las sintéticas o empíricas, todas las demás (incluidas las formuladas por la filosofía) serían seudoproposiciones metafísicas, sinsentidos, incongruencias derivadas del uso inadecuado del lenguaje, bien por contener palabras sin significado («ser», «idea», etc.), bien por reunir asin-tácticamente proposiciones con sentido («la nada nadea», «los números pares son más oscuros que los nones», etc.). Por todo eso, las proposiciones filosóficas servirían sólo para expresar una actitud meramente emotiva ante la vida. El Círculo de Viena declaraba carentes de sentido todas las normas éticas y todo conocimiento procedente del pensamiento o de la intuición pura, al no aportar nada a nuestro conocimiento científico. Experimentamos sentimientos de reprobación que brotan de nosotros mismos respecto de tal o cual acción, y eso es un hecho, pero un hecho que es objeto del sentimiento, no de la razón. Está en ti mismo, no en el objeto.

    Por todo ello, la filosofía no debería dedicarse a postular proposiciones, teorías o sistemas, sino exclusivamente a desarrollar un método, el del análisis del lenguaje lógico, pues la estructura de nuestro lenguaje es la misma que la estructura de la realidad (simetría, isomorfía), si bien el lenguaje que retrata la realidad no es el corriente u ordinario (impreciso y deficiente), sino un lenguaje ideal, perfecto, lógico.

    PRINCIPIO DE VERIFICABILITAD

    Junto a esta tesis, el Círculo de Viena defendía además el criterio empirista de significado cognoscitivo, según el cual sólo son cognoscitivamente significativas aquellas proposiciones que puedan recibir confirmación experimental: un enunciado o conjunto de enunciados es científico si y sólo si es directa o indirectamente contrastable por recurso a la experiencia. Todo enunciado no científico es filosófico (metafísico).

    Pero, dadas las dificultades para mantener un criterio tan fuerte, el Círculo de Viena pasa a aceptar el criterio débil de verificabilidad: «Un enunciado es indirectamente verifícable si en conjunción con otras premisas implica uno o más enunciados directamente verificables que no sean deducibles de estas otras premisas solas, y segundo, si estas otras premisas no incluyen ningún enunciado que no sea analítico ni directamente verificable» (A. Ayer: Lenguaje, verdad y lógica, 1936).

    Tal principio contiene a su vez tal cúmulo de dificultades que, corregido nuevamente, fue ampliado así por el Círculo de Viena: «Son significativas las proposiciones que expresan no sólo lo verificado por mí, sino también lo en principio verificable por mí en sentido fisicalista.» El fisicalismo establece que todas las proposiciones empíricas pueden ser traducidas sin pérdida de significado a proposiciones expresadas en el lenguaje de la física, o sea, a proposiciones que expresen atributos o propiedades físicas observables empíricamente. Así, la afirmación «estoy deprimido» se manifesta-ría según criterios fisicalistas en signos exteriores observables por los demás.

    CRITERIO POPPERIANO DE FALSACIÓN (O DE FALSIFICACIÓN)

    Ahora bien, según Popper, muchas proposiciones científicas no son directa ni indirectamente susceptibles de semejante tipo de verificación, y sin embargo nadie estaría dispuesto por ello a declararlas asignificativas: ninguna de las proposiciones generales afirmativas es observable en su totalidad, pues para eso habría que comprobar   todos los casos pasados, presentes y futuros. Así pues, tomado ese principio estrictamente («sólo tiene sentido la proposición que puede ser verificada mediante los sentidos»), hasta las leyes científicas mismas carecerían de sentido, pues resulta imposible comprobarlas en toda su generalidad, en la medida en que tales leyes científicas no sólo afirman que la clase A tiene la propiedad B, sino que la tendrá también en el futuro, cosa incomprobable ahora. En consecuencia, las teorías científicas no son nunca verifí-cables empíricamente, pues no cabe derivar enunciados universales de enunciado* singulares; únicamente «corroborarlos», en tanto no resulte posible contradecirlos; dicho de otro modo, algo es verdadero mientras no se demuestre su falsedad. En lugar del principio de verificabilidad, Karl Popper propone por último el criterio de falsabi-lidad, según el cual una teoría es científica cuando, siendo falsable en principio, no está de hecho falsada a pesar de que hemos intentado falsaria con todos los medios disponibles. La ciencia no colecciona observaciones empíricas para inferir de ellas leyes y teorías, sino que es una constante creación de conjeturas e hipótesis que la experiencia tiene la misión de falsear o de negar. Ninguna teoría científica es definitivamente segura. Lo más que podemos decir es que todas las observaciones hasta ahora la apoyan, y que facilita más y más precisas predicciones que cualquier otra alternativa conocida. Con todo, siempre puede ser reemplazada por una teoría mejor. En definitiva, comprender mejor el mundo consiste en abrir teorías capaces de explicarlo, no en cerrarlas. La faísabílidad es el criterio de demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es. Nuestra sabiduría crece con nuestro conocimiento. y en consecuencia siempre habrá más preguntas que respuestas.

    Si aplicamos esto a la filosofía, los filósofos, como todo el mundo, tienen el derecho de hablar clara y directamente, sin limitarse a analizar el lenguaje. El lenguaje es un instrumento, y lo que importa es lo que se hace con él, en este caso su utilidad para formular y discutir teorías acerca del mundo. Un filósofo que dedicara su vida a la preocupación por el lenguaje sería como un carpintero que dedicara todas sus horas de trabajo a afilar sus instrumentos, sin decidirse nunca a usarlos. Del antiguo al nuevo método científico

    Así las cosas, podemos establecer el siguiente esquema:
    1. Observación y experimentación 1. Problema (por insuficiencia de una teoría existente, o por incumplimiento de las expectativas)
    2. Generalización inductiva 2. Propuesta de nueva solución: nueva teoría
    3. Hipótesis 3. Deducción de proposiciones conírastables a partir de la nueva teoría
    4. Intento de verificación de la hipótesis 4. Conírasíaciones, es decir, intentos de refutación, principalmente (pero no exclusivamente) a través de la observación y ta experimentación
    5. Prueba o refutación 5. Establecimiento de preferencias entre teorías en competencia
    6. Conocimiento 6. Conocimiento hipotético, abierto.

    3. Principios generales de la sabiduría, tecnocientífica y ética a la vez

    Principios que rigen la ciencia y la conciencia Principio de falibilidad. «Quizá yo esté equivocado y quizá usted tenga razón, pero, desde luego, ambos podemos estar equivocados.»

    Principio del diálogo racional. «Queremos críticamente, pero sin ningún tipo de crítica personal, poner a prueba nuestras razones a favor y en contra de nuestras variadas —criticables— teorías. Esta actitud crítica a la que estamos obligados a adherirnos forma parte de nuestra responsabilidad intelectual.» Principio de acercamiento a la verdad con ayuda del debate. «Podemos casi siempre acercarnos a la verdad con la ayuda de discusiones críticas impersonales —y objetivas—, y de ese modo podemos mejorar nuestro entendimiento, incluso en aquellos casos en los que no lleguemos a un acuerdo.»

    Según Popper estos tres principios son epistemológicos y al mismo tiempo éticos: «Si yo puedo aprender de usted, y si yo quiero aprender en el interés por la búsqueda de la verdad, no sólo debo tolerarle como persona, sino que debo reconocerle potencialmente como a un igual; la unidad potencial de la humanidad y la igualdad potencial de todos los seres humanos es un prerrequisito para nuestra voluntad de dialogar racionalmente. De mayor importancia es el principio según el cual podemos aprender mucho de la discusión, incluso cuando no nos lleva a un acuerdo. Porque un diálogo racional puede ayudarnos a que se haga la luz sobre los errores, incluso sobre nuestros propios errores.» Deberíamos alegrarnos, pues, incluso cuando otros demuestran la falsedad de nuestras hipótesis. Esta actitud nos liberaría en gran medida ¿el miedo y del remordimiento. Doce principios para una nueva ética profesional

    1. Nuestro conocimiento objetivo, por conjetura, va cada vez más allá de lo que puede dominar cualquier persona individual. Sencillamente por eso no puede haber «autoridades». Esto vale también en materias especializadas.

    2. Es imposible evitar todos los errores, o incluso todos aquellos errores que son, en sí, evitables. Todos los científicos cometen continuamente errores. Hay que revisar la vieja idea de que se pueden evitar los errores y de que, por tanto, es un deber evitarlos: es una idea errónea.

    3. Por supuesto, sigue siendo nuestro deber evitar en lo posible todos los errores. Pero, dado precisamente que podemos evitarlos, debemos siempre tener presente lo difícil que es evitarlos y que nadie lo consigue por completo. No lo consiguen siquiera los científicos más creativos guiados por la intuición: la intuición puede equivocarnos.

    4. Los errores pueden estar ocultos incluso en aquellas teorías que están bien confirmadas; y es tarea específica del científico buscar estos errores. La observación de que una teoría o técnica bien confirmada que se ha utilizado con éxito es errónea puede constituir un descubrimiento importante.

    5. Por ello hemos de revisar nuestra actitud hacia los errores. Es aquí donde debe comenzar nuestra reforma ética práctica. Pues la actitud de la antigua ética profesional lleva a encubrir nuestros errores, a mantenerlos en secreto y a olvidarlos tan pronto como sea posible.

    6. El nuevo principio básico es que, para aprender a evitar los errores, debemos aprender de nuestros errores. Por ello, encubrir los errores constituye el mayor pecado intelectual.

    7. Hemos de estar constantemente a la búsqueda de errores. Cuando los encontramos, debemos estar seguros de recordarlos; debemos analizarlos minuciosamente para llegar al fondo de las cosas.

    8. Mantener una actitud autocrítica y de integridad personal se convierte aquí en una obligación.

    9. Como debemos aprender de nuestros errores, también debemos aprender a aceptar, y a aceptar con gratitud, cuando otras personas llaman nuestra atención sobre nuestros errores. En cambio, cuando somos nosotros los que llamamos la atención sobre los errores de los demás, hemos de recordar que nosotros mismos hemos cometido errores similares. Y hemos de recordar que los mayores científicos han cometido errores. Sin duda, no quiero decir que normalmente sean perdonables nuestros errores: nunca hemos de relajar nuestra atención. Pero es humanamente imposible evitar una y otra vez los errores.

    10. Debemos tener muy claro que necesitamos a los demás para descubrir y corregir nuestros errores (igual que éstos nos necesitan a nosotros); especialmente a aquellas personas que se han formado en un entorno diferente. También esto favorece la tolerancia.

    11. Hemos de aprender que la mejor crítica es la autocrítica; pero que es necesaria la crítica de los demás. Es casi lan buena como la autocrítica.

    12. La crítica racional debe ser siempre específica: debe aportar razones concretas por las cuales enunciados o hipótesis específicas parecen ser falsos, o determinados argumentos poco válidos. Debe estar guiada por la idea de aproximación gradual a la verdad objetiva. En este sentido, debe ser impersonal. Les pido que sigan estas sugerencias. Pretenden demostrar que, también en el ámbito de la ética, se pueden formular sugerencias que están sujetas a discusión y mejora (En búsqueda de un mundo mejor. Ed. Paidós, Barcelona, 1994, pp. 257-258).

    4. La sociedad abierta

    Una posición liberal

    Según Karl Popper, la mejor sociedad que podremos Lener desde un punto de vista práctico y moral es la que extienda al máximo la libertad de sus miembros; la máxima libertad posible es una libertad limitada; puede ser creada y sostenida a un nivel óptimo sólo gracias a instituciones diseñadas con este fin y respaldadas por el poder del Estado. Esto explica una intervención estatal en gran escala en la vida política, económica y social. Una intervención excesiva o defectiva produciría limitaciones innecesarias de la libertad. La mejor manera de reducir los peligros a un mínimo en ambos sentidos es la instauración de medios constitucionales por los que los gobernados puedan destituir a los detentadores del poder estatal y poner en su lugar a diferentes hombres con diferentes políticas.

    Cualquier intento de inutilizar tales instituciones sería un intento de introducir un gobierno autoritario y debe ser evitado, si en última instancia fuera necesario por la fuerza; el uso de la fuerza contra una tiranía puede ser justificado incluso cuando ésta  es apoyada por la mayoría. Pero los únicos fines justos del uso de la fuerza son la defensa de las instituciones libres, donde existen, y su establecimiento, donde no existen. Por todo ello, Karl Popper se autocalifica como «liberal», si bien matiza: «No entiendo por liberal a un simpatizante de un partido político concreto, sino simplemente a un hombre que aprecia la libertad individual y que tiene presentes los peligros inherentes a todas las formas de poder y autoridad.»

    Principio básico de la sociedad abierta: reducir al mínimo el sufrimiento evitable Reducir al mínimo la infelicidad, tal y como lo postula una sociedad abierta, no es simplemente una formulación negativa de la máxima utilitarista «aumentar al máximo la felicidad». Hay entre ambos postulados una asimetría lógica, pues no sabemos cómo hacer feliz a la gente, pero sí sabemos cómo aminorar su infelicidad. En lugar de la mayor felicidad para el mayor número, debería exigirse, más modestamente, la menor cantidad de sufrimiento para todos, y además, que el su-frimiento inevitable —como el hambre en un periodo inevitable de escasez de alimentos— se reparta lo más equitativamente posible.

    ¿Existe una sociedad ideal?

    Arrepentido de su propio pasado socialdemócrata, así como de la evolución histórica del comunismo, Karl Popper está contra ¡as utopías entendidas como verdades definitivas, también en el terreno social.

    La idea marxista del desarrollo de la historia según leyes científicas, las cuales terminarían inevitablemente con la victoria de los trabajadores sobre los capitalistas, desembocando en un paraíso o sociedad sin clases, no es científica. Es, por el contrario, un ejemplo de lo que llama Popper historicismo: «Entiendo por "histo-ricismo" un enfoque de las ciencias que supone que la "predicción histórica" es el ::n primordial de éstas, y que supone que este fin se puede alcanzar mediante el descubrimiento de leyes o tendencias subyacentes a la evolución histórica.»

    Además, las sociedades ideales no son inalcanzables tan sólo por el hecho de ser ideales, sino también porque, para corresponder a cualquier tipo de imagen ideal, deberían ser estáticas, fijas, inmutables, y ninguna sociedad previsible pue-de serlo. El ritmo del cambio social parece acelerarse cada día que pasa, y no al contrario. Y este proceso parece no tener fin.

    Lo que nos pide Popper es que usemos, con imaginación y sentimiento, un proceso de retroalimentación en el que la audaz presentación de nuevas ideas sea siempre acompañada por su sujeción a un riguroso proceso de eliminación de errores, a la luz de la experiencia.

    5. Hay tres mundos

    Digamos, por último, que en el terreno de la ontología Karl Popper defiende la existencia de tres mundos. Éstas son sus palabras:  

    Partes de la realidad en la que vivimos son materiales. Aparte de la Tierra, existen el Sol, la Luna y las estrellas. El Sol, la Luna y las estrellas son cuerpos materiales. La Tierra, junto al Sol, la Luna y las estrellas nos da nuestra primera idea de un universo, de un cosmos. La investigación de este universo es la tarca de la cosmología. Todas las ciencias sirven a la cosmología. Hemos descubierto dos tipos de cuerpos sobre la tierra: animados e inanimados. Ambos pertenecen al mundo material, al mundo de los objetos físicos. A este mundo lo denomino mundo 1.

    Utilizo el término inundo 2 para referirme al mundo de nuestra experiencia, en especial la experiencia de los seres humanos. Pero podemos suponer que existen también estados inconscientes y que éstos pueden incluirse en el mundo 2. Quizá puede haber transiciones entre el mundo 2 y el mundo 1: no podemos descartar dogmáticamente estas posibilidades. Tenemos así el mundo 1, el mundo físico, que dividimos en cuerpos animados e inanimados, y que también contiene en particular estados y acontecimientos como tensiones, movimientos, fuerzas y campos de fuerza. Y tenemos el mundo 2, el mundo de todas las experiencias conscientes y —-podemos suponer— también de las experiencias inconscientes. Por mundo 3 entiendo el mundo de los productos objetivos de la mente humana, el mundo de los productos mentales; es decir, el mundo que los antropólogos denominan «cultura». (En búsqueda de un mundo mejor. Ed. Paidós, Barcelona, 1994, pp. 22-25.)

    Los tres mundos son sucesivos: del mundo 1 proviene el mundo 2 y de éste el mundo 3. Estos tres mundos interactúan entre sí: el ser humano con su subjetividad (M-2) y sus teorías objetivas (M-3) puede modificar el mundo físico (M-l). El futuro no está escrito, pues en el Universo vive un agente libre. El cosmos es una realidad plural: determinista, indeterminista y emergente. La libertad, pues, no sólo es posible en la sociedad abierta, también lo es en la realidad física.

    6. El papel de la filosofía y del filósofo en una sociedad abierta

    Todo lo anterior se resume tal vez en las siguientes palabras:

    Estoy en favor de la osadía intelectual. No podemos ser cobardes intelectuales y buscar la verdad al mismo tiempo. Una persona que busca la verdad debe atreverse a ser sensato; debe osar ser revolucionario en el campo del pensamiento...

    Tampoco concibo la filosofía como una expresión del espíritu de la época. Ésta es una idea hegeliana, que no resiste a la crítica. En filosofía hay modas, como también en la ciencia. Pero un buscador de la verdad no seguirá una moda; desconfiará de todas ellas, e incluso las combatirá...

    Todos los hombres y mujeres son filósofos. Si no son conscientes de tener problemas filosóficos, en cualquier caso tienen prejuicios filosóficos. La mayoría de éstos son teorías que dan por supuestas: teorías que han absorbido de su entorno intelectual o de la tradición.

    Dado que pocas de esas teorías se sostienen de forma consciente, son prejuicios en el sentido de que se sustentan sin examen crítico, aun cuando puedan tener una gran importancia para las acciones prácticas de las personas y para su vida toda. Constituye una defensa de la existencia de la filosofía profesional el que las personas tienen que examinar críticamente estas teorías difundidas e influyentes...

    Frente a los filósofos minuciosos y sus minúsculos problemas, creo que la principal tarea de la filosofía es especular críticamente sobre el universo y sobre nuestro lugar en él, incluidas nuestras facultades de conocer y nuestra capacidad de hacer el bien y el mal. (K. Popper: En búsqueda de un mundo mejor. Ed. Paidós, Barcelona, 1994, pp. 230-231 y 239.)

    Todo esto puede resumirse con el siguiente texto del Popper grandemente aficionado a la música:

    Beethoven vivió en una época de frustradas esperanzas de libertad. La Revolución Francesa había concluido con el reinado del terror y el imperio de Napoleón. La restauración de Metternich eliminó el ideal de democracia y agudizó el antagonismo de clases. La pobreza de las masas era terrible. El Himno a la alegría de Beethoven es una apasionada protesta contra el antagonismo de clases por el que se divide a la humanidad; mientras que Schiller dice «fuertemente divididas», Beethoven cambia estas palabras en un lugar, para un arranque coral, y escribe «insolentemente divididas». Sin embargo, no conoce el odio de clases; sólo conoce el amor a sus congéneres. Y casi todas sus obras terminan con espíritu de calma, como la Missa Solemnis, o de alegría, como las sinfonías y el Fidelio. (Popper; En búsqueda de un mundo mejor. Paidós.)

    Cuestiones relevantes

  • 1. ¿Qué hecho de la vida de Popper tuvo especial incidencia en su filosofía?
  • 2. ¿Por qué se alejó Popper de los postulados del Círculo de Viena sobre el método válido de la ciencia?
  • 3. ¿En qué consiste el criterio de «falsación»?
  • 4. ¿Por qué considera Popper que el marxismo no es científico?
  • 5. ¿Cuál ha de ser el método de la ciencia?
  • 6. ¿Qué ética debe seguir todo intelectual o científico?
  • 7. ¿Cuál es para Popper el mejor sistema de organización política? ¿Por qué?
  • 8. ¿Por qué desconfía Popper de las utopías políticas?
  • 9. ¿Cuál debe ser el principio político que ha de inspirar a una «sociedad abierta»?
  • 10. ¿Qué teoría ortológica sostiene Popper?
  • 11. ¿Cuál ha de ser el papel de la filosofía y los filósofos en la sociedad actual?
  • Textos para comentar

    1. Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual Desde el punto de vista de esta metodología, comenzamos nuestra investigación ccmprobleniüs. Siempre nos encontramos en una cierta situación problema, y elegimos un problema que esperamos ser capaces de resolver. La solución, siempre tentativa, consiste en una teoría, una hipótesis, una conjetura. Las diversas teorías competitivas son comparadas y discutidas críticamente con vistas a detectar sus deficiencias, y los resultados siempre cambiantes, siempre inconclusivos, de la discusión crítica constituyen lo que puede ser llamado «la ciencia del día».

    Así pues, no hay inducción: nunca argüimos desde los hechos hasta las teorías, a no ser por el modo de refutación o «falsificación».

    1. Explica los términos en negrita.

    2. Identifica la temática del texto y relaciónala con la filosofía del autor.

    3. Relaciona el contenido del texto con otras filosofías como el neopositivis-mo. Señala diferencias.

    2. La miseria del historicismo. «Prólogo»

    Con el fin de informar al lector de estos resultados más recientes me propongo dar aquí, en unas pocas palabras, un bosquejo de la refutación del historicismo. El argumento se puede resumir en cinco proposiciones, como sigue:

    1. El curso de la historia humana está fuertemente influido por el crecimiento de los conocimientos humanos. (La verdad de esta premisa tiene que ser admitida aún por los que ven nuestras ideas, incluidas nuestras ideas científicas, como el subproducto de un desarrollo material de cualquier clase que sea.)

    2. No podemos predecir por métodos racionales o científicos el crecimiento futuro de nuestros conocimientos científicos.

    3. No podemos, por tanto, predecir el curso futuro de la historia humana.

    4. Esto significa que hemos de rechazar la posibilidad de una historia teórica; es decir, de una ciencia histórica y social de la misma naturaleza que la física teórica. No puede haber una teoría científica del desarrollo histórico que sirva de base para la predicción histórica.

    5. La meta fundamental de los métodos historicistas está, por lo tanto, mal concebida, y el historicismo cae por su base.

    1. Explica el significado que tienen los términos en negrita.
    2. Identifica la temática del texto y relaciónala con la filosofía del autor.
    3. ¿Qué consecuencias saca Popper de su crítica al historicismo?